Luis Arias Schreiber 245 - Miraflores

Los cuentos que nos contamos

Aquí y ahora, vivimos en un mundo volátil, incierto, complejo y cambiante, corriendo por alcanzar resultados. Cuando no logramos los resultados, con frecuencia, culpamos a «otro» . Y al pensar que el «otro” es culpable, consciente o inconscientemente, sentimos que merece ser castigado. Lo castigamos al no escucharlo, que es igual a pensar y decirle “tú y lo que dices, no son importantes para mi”; lo agredo, algunas veces con el tono de voz y otras con la crítica destructiva; menosprecio su capacidad y en lugar de pedirle su opinión, le ordeno, sin explicar el porqué, ni para qué, etc. Estos comportamientos hacia el otro generan consecuencias en la forma en que me percibe el otro y, por lo tanto, en la forma en que el otro actúa conmigo.

Así como cuando culpamos al «otro», generamos reacciones de rechazo hacia nosotros, así también cuando comprendemos al «otro» generamos acciones de colaboración hacia nosotros. En resumen, tenemos el poder de cultivar nuestro mundo de relaciones y cosechar las consecuencias. El poder está en cada uno de nosotros. El desafío es descubrirlo y desarrollarlo.

Sin embargo, muchos de nosotros, en lugar de aceptar el desafío, preferimos contarnos cuentos que nos mantengan alejados del poder. Es decir, seguir siendo impotentes en nuestro estado de confort. 

Frederick Taylor, creador de la administración de empresas, se enfocó en el diseño y ejecución de la forma más eficiente de realizar cada tarea. Capacitó a las personas en la forma de hacerla tarea y supervisó su desempeño. Las personas aprendía y cumplían o eran despedidas. Consideraba que las personas estaban en la empresa para producir y trabajaban exclusivamente por dinero. Estas medidas no fueron suficientes para que las empresas dieran los resultados que estaban necesitando para un mercado cada vez más competitivo y el modelo colapsó .

Con las teorías provenientes de la psicología humanista, que conciben a la persona como un ser con poder de desarrollarse y realizarse mucho más allá de lo que su capacidad de “hacer cosas” le permite; los cuentos de que somos seres limitados a controles, castigos o premios, perdieron vigencia.

Así, a mediados del siglo XX las teorías de la motivación humana, se enfocaron en los factores internos que tiene la persona para cambiar su comportamiento. Con Maslow, cambia la percepción de los seres humanos y con ella, la percepción de los trabajadores y de los líderes. Las empresas empiezan a interesarse en motivar a los trabajadores con condiciones de trabajo que generen la satisfacción de necesidades básicas, de seguridad, de pertenencia, reconocimiento y autorrealización. 

Una clara comprensión de esta teoría, lleva a los líderes a tratar de comprender la motivación de sus trabajadores y a actuar en consecuencia.

A finales del siglo XX e inicios del XXI, las organizaciones empiezan a reconocer el poder que tienen las personas de transformarse a sí mismas y transformar su mundo de relaciones en el trabajo y en cualquier otro ambiente. Surgen nuevas formas de liderar, acompañando a los colaboradores a que se desarrollen en la empresa. Entendiendo como este desarrollo el cuestionamiento y la renovación de sus modelos mentales, de sus formas de vivir las emociones e incluso de la forma de manejar su corporalidad en el ámbito empresarial

Para pasar de contarnos cuentos a convertirnos en verdaderos líderes de nuestra vida, en el trabajo y en la familia, es necesario comenzar por tomar consciencia de cómo estamos siendo (pensamientos-emociones-cuerpo) y de cómo necesitamos ser en nuestra relación con otros, para juntos lograr los resultados que queremos. Nada es tan valioso como comenzar por observar lo que nosotros hacemos y lo que no hacemos, para descubrir cómo sumamos o restamos a nuestros resultados. Si fuéramos seres únicos y aislados, bastaría con ver qué podemos hacer mejor para lograr los resultados. Sin embargo, nacimos y vivimos en una red de personas que nos afectamos mutuamente. Desde que nacemos y recibimos los cuidados de la madre o quien haga las veces, existimos porque otros nos cuidan. Y desde los primeros años de vida, damos a otros ternura, alegrías o preocupaciones. Y así empieza a manifestarse que somos parte de algo más grande, como la familia, el colegio, la empresa, la comunidad, la sociedad, etc. Por tanto, los resultados que logremos o no logremos, dependen de cada uno de nosotros y especialmente, de la forma en que nos relacionamos con los otros.

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